MATAR O MORIR.
El humo que desprendía el arma, llenaba la estancia, todo parecía lejano como una de esas pesadillas que solía tener, esas que me despertaban en mitad de la noche, sudorosa y temblando. Miraba mis manos, ejecutoras, firmes, de veras ¿eran mis manos?. El cuerpo inerte de mi marido yacía en el suelo, ya no se movía, ya no me gritaba. Sus manos que antaño abofeteaban mi cara sin piedad, ya no se mueven, ya no me agraden sin piedad, sus piernas en una posición grotesca, ya no me dan patadas, ya no pisotean mi cara, mi cabeza... Y ahora, ¿Qué hago?, debería llamar a la policía, pero entonces mi recién llegada libertad, desparecería para siempre, todo esto no hubiera servido de nada y mis hijos me perderían a mi también. Tengo que pensar, estoy confusa, tapo el cuerpo de la bestia con el mantel de la mesa, me siento en su butaca favorita, con un vaso de su whisky y poco a poco me quedo dormida, estaba agotada, las palizas me dejaban tan dolorida que no conseguía dormir. Y lo veo c...