AQUELLA MOTO ME PERDIÓ.
Ella miraba a través de la ventana. Sus ojos tristes, llorosos, perdidos en sus recuerdos.... María contaba ya con las arrugas que el tiempo y la vida, habían formado, como surcos que el labrador trabaja en sus tierras. Sólo que ella no había elegido la vida que le tocó vivir. Una señorita bien, con una buena educación, una familia acomodada. Los padres cariñosos con ella, daban vía a todos sus caprichos, no sin poner límites a una señorita de su clase. María acudía, como cada día, al colegio Siervas de San José, vamos las Josefinas de toda la vida en Cuenca. Era extrovertida y hacía amigas enseguida. Un poco líder de su grupo, era buena estudiante, muy habladora, y con una alegría innata que contagiaba a las demás. Así trascurrían sus días, entre caballos, clases de inglés y viajes por toda España con sus padres y hermanos, siempre a los mejores hoteles. Pero, como el destino, es caprichoso, conoció a Jaime. Un chico mayor que ella, muy espabilado, con moto y guapísimo. Salía de ...