MURIENDO EN VIDA.
Aunque aquella luz tenue, casi invisible, que inundaba la vieja habitación de mi padre, no me dejaba dormir. Sentada junto a su cama, velando esa vida que se escapaba a raudales de aquel hombre, fuerte, autoritario, majestuoso.
La enfermedad había arruinado su personalidad, mi padre Don Julián para todos, alto, fuerte, atractivo y con un carácter endemoniado, arruinó mi vida. Si lo digo en serio, aunque permanezco junto a su cama, de mi mano, mirándome con ojos llorosos, sabedor del daño causado.
Quiero creer que arrepentido, sin pronunciar una palabra de perdón, aún así, estaba segura de su arrepentimiento.
Eran los locos años ochenta, cundo salía del instituto con mis amigas, cuando montar en moto con un chico, podía ser la mejor experiencia del mundo. Era una buena estudiante, con don de gentes, guapa, cualidad que no pasabas inadvertida entre los amigos de la pandilla. Mi larga melena rubia y rizada, volvía locos a los chicos y yo lo sabía.
Carlos, mi mejor amigo, juntos desde el parvulario, me hacía entender, que no debía llamar tanto la atención, que la sencillez era la mejor cualidad en una chica. Yo no había nacido para ser del montón, para no destacar.
Una mañana del mes de Junio, ya con los exámenes finales, y con ese calorcito maravilloso que nos introduce en el verano, vacaciones, playa...Pasó él, un profesor nuevo, que se incorporó en los últimos días de clase, porque Don Cosme enfermó gravemente y alguien tenía que atender su clase y sus últimas evaluaciones.
Su nombre era Gonzalo, ojos verdes, rubio, mirada super atractiva, con su polo de Lacoste y sus vaqueros Levis, castellanos burdeos y una forma de caminar segura e imponente.
Cruzamos las miradas en el pasillo, la electricidad nos cargó a los dos de admiración y deseo, yo con intención, de coquetear, le miré fijamente a los ojos, sin apartar la mirada, descarada y atrevida. Gonzalo bajó la mirada, pero estaba tocado y hundido.
Me hacía la encontradiza y esperaba que saliera de la sala de profesores, para chocar con él y caer mis libros y cuadernos al suelo, nos acachamos los dos a recogerlos y así fue como el deseo y el amor irrumpieron en nuestras vidas como un huracán. Donde me dijo que me esperaba fuera, junto al viejo roble de la parte trasera del instituto.
Me recogió con el coche para dar un paseo. Hablamos de todo, de nuestros sueños, inquietudes...Con miradas lascivas, humedeciendo mis los labios por los nervios, y el corazón a mil.
Nuestras manos se rozaban, yo me sentía la chica más afortunada del mundo. Un hombre así, se había fijado en mí. Paró el coche en una arboleda, escondidos de miradas curiosas, comenzamos a besarnos, nuestras lenguas se fundieron en un baile placentero, lleno de sensualidad, mágico. Sus manos acariciaban mis muslos, bajo la falda del uniforme. No podíamos parar, Gonzalo me repetía al oído- Esto está mal, deberíamos parar, no sigas....
Era inútil, no teníamos voluntad sobre nuestros cuerpos, fue mi primera vez, a pena dolió, lo recuerdo como el mejor momento de mi vida. Ya era una mujer completa, maduré en un instante, en un momento de placer y entrega absoluta, definitivamente era el amor de mi vida.
Nos seguimos encontrando a escondidas, amándonos sin medida, con verdadera locura, pero como la felicidad es efímera, algo pasó que lo cambió todo.
Gonzalo estaba comprometido, nunca me lo contó, pero ella se presentó en el instituto buscando a su novio. Mis amigas la vieron, es tarde ya no quedamos, ya no nos vimos, él se marchó con ella.
No pude soportarlo, me moría de celos, me repetía -Lo voy a matar, les voy a matar él es mío y de nadie más-. Así terminó el curso, con las vacaciones no volvimos a vernos, no supe nada de él, yo caí en una profunda depresión. Mis padres no entendían que me pasaba, una chica tan guapa y exitosa, encerrada en casa llorando.
En el mes de Agosto, al ver que tampoco tenía mi regla, comencé a asustarme, podía ser por la pena tan gran que tenia, pero el predictor me confirmó lo que había, estaba embarazada. Ahora sí que la había liado buena. Mis padres me van a matar. No sabía que hacer, confesarlo todo o callarme hasta que mi estado fuer más que evidente. De momento no se notaba nada, acariciaba mi vientre con la alegría secreta de llevar un hijo de Gonzalo dentro, esto le haría volver conmigo, casarnos, formar una familia.
Que idea tan romántica, estaba ya de tres meses, creo y mi padre me miraba fijamente en la mesa, -Cariño algo te pasa, te veo rara, has pasado de la más grande las tristezas a un a alegría insultante, estas resplandeciente, ¿Qué ha ocurrido?.
Yo bajando la mirada hasta mi vientre lo conté todo, como conocí al padre de mi hijo y como estaba en estado de buena esperanza. Mis padres se quedaron mudos, asombrados, solo tenía diecisiete años, para ellos era una niña todavía que empezaba a vivir, hacer planes para la universidad, no para comprar pañales.
El interrogatorio fue máximo, vamos me aplicaron el tercer grado, lo que yo quería es que lo encontraran y nos pudiéramos casar, mi máxima ilusión ser la señora de Gonzalo Martínez. el verdadero amor.
Mi padre llamó al director del instituto, que casualmente veraneaba en un pueblo cercano al nuestro. Hablaron de lo ocurrido y buscaron a Gonzalo, el cual acababa de casarse y se encontraban pasando unos días en Santander. Mi padre sin pensarlo dos veces, cogió el coche y se encaminó para Santander y hablar con ese ser despreciable y que odiaba con todas sus fuerzas. Llegó al hotel donde se alojaban y en la recepción pidió que lo avisaran, que un familiar deseaba verlo.
Gonzalo resplandeciente bajó al vestíbulo, confiado que sería algún conocido de su madre, pero no, era mi padre Don Julián en toda su esencia, lo cogió de un brazo y le hizo salir del hotel, -usted y yo vamos a dar un paseo-
Cuando se presentó y le contó mi estado, Gonzalo no reaccionó bien, le dijo que estaba felizmente casado y que solo había sido una chiquillada, que asumía su culpa, pero que yo no había sido una santa, y un hombre es un hombre.
Mi padre enfurecido, junto al mirador del puerto, cogió a Gonzalo por los hombros y le dio un puñetazo, con tal fuerza que no pudo sujetarse y cayó por la barandilla al mar.
Ahí terminó mi historia de amor, fui viuda antes que casada. Mi padre tuvo que cumplir condena por homicidio imprudente. Yo nunca le perdoné lo que hizo, el odio y el rencor anidaron en mí. Perdí al bebé del disgusto tan grande. No me dejaron ir al entierro, su mujer no lo consintió. Me marché de casa nada más cumplir los dieciocho, antes que mi padre, gracias a sus influencias y contactos, saliera de prisión. No quería volver a verle, desapareció Gonzalo y con él mi padre.
Ahora pasados los años, jamás volví a enamorarme, jamás regresé a casa, hasta la muerte de mi madre. Mis tíos me avisaron y acompañé el féretro de mamá, pobrecita la gran victima de toda esta historia. Discreta, siempre en segundo plano, con una elegancia innata, ahora comprendo que gran sufrimiento pasó por mi culpa.
Mi padre enfermó, nunca superó que yo desapareciera de su vida, ahora lo entiendo, desde la madurez que otorga el paso del tiempo. Y aquí me encuentro junto a su cama , esperando el final, que mucho me temo será en breve. Recuperando el tiempo perdido, concediendo el perdón tan deseado` por mi padre.
Murió en paz y con mi compañía, sigo viviendo en la casa familiar, muriendo en vida, esperando mi momento para dejar este mundo y reunirme con Gonzalo, estoy segura que me estará esperando.
MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ RABADÁN
01/03/2026
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