UNA SILLA VACÍA
Navidad, bonito nombre, los recuerdos fluyen en mi mente,
cansada, dolorida.
Éramos y estábamos todos juntos, el calor humano muy parecido
al de la hoguera, calor de hogar.
Andrea, como siempre, ayudando a mamá, yendo y viviendo con
esa rapidez y ese nerviosismo de la edad, impaciente, expectante. Sus grandes
ojos color avellana, se movían examinando toda la estancia
-
Faltan
las servilletas, coloco mejor el centro de mesa.
-
¿Hay
suficientes sillas?
La cena de Navidad de 1978, quien nos iba a decir, que sería,
la última celebrando todos juntos
La seguimos buscando, 24 Diciembre 2024, ya no está la sala
llena, sobran las sillas…No hay turrones, ni gambas, ni el famoso postre de tía
Edelmira.
Ya no adornamos la casa con motivos navideños, el Belén sigue
guardado en la caja, dentro de no sé cuál armario. Sin regalos, sin árbol.
Desde la desaparición de Andrea, las fiestas no volvieron a
celebrarse en mi casa. La familia solo llamaba para enviarnos los ánimos
perdidos, al ser fuerte durante tantos años.
Mi madre sigue pensando que está viva, secuestrada en algún
lugar, quizá en el extranjero. Seguimos sin encontrarla, la policía continúa
con el caso abierto, sin pistas ya que seguir, sin indicio alguno.
Mi hermana salió para entrenar al colegio, era gimnasta, muy
buena, por cierto. No llegó al entrenamiento. De mi casa al cole soy hay unos
cuentas metros, cruzar una calle nada más. Bien, en ese trayecto desapareció.
Nadie vio nada, ni oyó nada, sin testigos, sin cuerpo,
seguimos viviendo en un limbo de incertidumbre, de amargura, de sueños que
pudieran ser ciertos, mi madre aferrada a esos sueños, sigue su existencia
entre pastillas y lágrimas.
Hasta que una mañana del mes de Abril, cumpleaños de mi
hermana, una llamada de teléfono, mi madre vivía pegada a él, nos sobresaltó
sobremanera.
-
Mamá,
eres tú? Mamá soy Andrea, no llores, estoy bien.
-
No
busques más, descansa, yo ya no estoy en este mundo, pero donde vivo ahora, se
pueden ver las nubes, no hace frio, la paz llena este lugar.
Sé que os haréis muchas preguntas, en efecto me hicieron
daño, solo recuerdo un golpe en la cabeza y oscuridad. Cuando quise volver en
sí, un habitáculo oscuro y frío, en colores grises, frio y triste, tenía miedo.
Mamá, un hombre alto, grande con pasamontañas, me observaba,
me hizo cosas malas que prefiero no relatar, no le vi la cara, pero sí su mano
derecha, un tatuaje, un águila con las alas extendidas, lo sé porque en mi
libro de Ciencias Naturales había una.
Adiós mami, un beso para todos, ya no sufras más por mí. Os
quiero.
Andrea, Andrea!!!!!,
no cuelgues, vamos por ti.
Mi madre lloraba sin parar, y nos fue contando a mi padre y a
mí lo sucedido. Relatando palabra por palabra.
Al principio no podíamos creer o sí. Eran demasiados detalles
para ser fruto de la imaginación de mamá.
El inspector Ramírez, se acercó a casa nada más llamarlo. Ese
tatuaje podría ser una pista. No sabemos porque creyó a mamá, pero su instinto
le hizo recordar a alguien con un tatuaje así.
Pues fue, gracias a aquella llamada, más que dudosa, pudieron
identificar a un hombre, un viejo conocido de la policía, en prisión por
secuestro y violación de una joven de un pueblo cercano.
Confesó, y dio detalles del lugar donde estaba el cuerpo de
Andrea, para así colaborar con la policía y reducir la condena. Por fin podemos
hacer un funeral, una tumba donde ir al honrarla a llorarla. Pasar el duelo de
su pérdida.
Nunca sabremos si esa llamada fue real, si mi madre tiene
poderes o si verdaderamente Andrea se puso en contacto con ella.
Navidades 2025, vuelve a estar mi casa llena, hay comida
suficiente, el postre y hay sillas para todos, solo que una está vacía, Andrea
viene a cenar.
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