A VECES LA VIDA....
A veces la vida nos sorprende, caprichosa con nuestro destino, juguetona con los sentimientos, libre albedrio le llaman. De veras somos libres para tomar nuestras propias decisiones? O estamos sujetos al destino? Estará escrito nuestra caminar por este mundo, cuando tenemos que soportar una pérdida, una tragedia, siempre decimos que era nuestro destino.
Carmen, esa mañana, como tantas otras, se colocaba el pelo frente al espejo, bonita, con un rostro austero pero a la vez elegante. Los labios rojos conferían a su rostro un atractivo añadido.
Salía con Alberto, un joven abogado, con un futuro prometedor. Alto, delgado, moreno, ¿guapo? no guapísimo. Sus amigas lo miraban descaradamente, cada vez que iba a recogerla al laboratorio.
Eran una pareja de revista, lo tenían todo. Belleza, inteligencia, futuro....
Hasta esa fatídica mañana del 18 de Abril, juntos en el coche de Alberto, comenzaron un viaje, de esos de fin de semana, a las cabañas rurales de Nerpio, un pueblo de la serranía de Albacete. Con unos paisajes maravillosos, ideales para la fotografía, que a Carmen le encantaba. Esas montañas, cascadas y rutas senderistas, ideales para su nueva colección de Naturaleza y Fauna.
La cabaña, de cuento, toda de madera con chimenea de leña en el salón, que daba un calor de hogar, acogedor, aún en Abril hacía frio por aquel lugar.
En la planta de arriba el dormitorio, con una cama enorme frente a una ventada, donde se podían ver los picos nevados, bañera redonda, flores en el jarrón y una botella de cava bien fría. No se podía pedir más.
En cuento se instalaron, frente a la chimenea, sentados en la alfombra, comenzaron a besarse, con un deseo ardiente, con voracidad y anhelo. Sus lenguas jugueteaban, entrelazadas, las manos buscaban el sexo del otro. No recuerdan haber hecho el amor, nunca de esa manera. Como si ya no se volvieran a encontrar.
Pero como el destino es caprichoso y celoso, aquella noche inolvidable, se tiñó de sangre, de dolor, de amargura infinita.
Medio dormidos frente al fuego, escucharon unos ruidos , Alberto se levantó y se puso los pantalones, para mirar por la ventana, unas luces, como fogonazos y unos aullidos ensordecedores, eclipsaron por completo esa de noche de amor.
El mal acechaba la cabaña, una fuerte tormenta irrumpió con fuerza, no entendían nada. Los teléfonos sin funcionar, la luz tampoco, terminaron de vestirnos, armados con unos troncos de leña, abrieron la puerta de la estancia. Allí estaban, esos ojos que jamás olvidaran, de un zarpazo derribaron a Alberto. Sangraba mucho, y exhalando su último aliente, dijo: "Te quiero".
Carmen atemorizada corrió dentro de la cabaña y se refugió en el baño, de nada sirvió. El mal consiguió llegar hasta ella, la forzó una y otra vez. Pero no la mató, dejándola dolorida y destrozada por lo que acababa de vivir.
Allí quedó, tendida en el suelo, desmayada, hasta que las primeros haces de luz, se iban colando por las ventanas. Pensó que era una pesadilla. Muy lentamente consiguió ponerse en pie y muerta de miedo llegó hasta el saloncito tan acogedor, a buscar a su novio. Pero allí no había nadie.
Asustada llamó a recepción, se personaron en el lugar, diciendo que Carmen llegó sola a la cabaña, para pasar unos días tranquila. No había ningún Alberto.
Estará loca? Desequilibrada? Ella tuvo una noche de amor, estaba segura.
Volvió a Albacete, donde le confirmaron sus hermanas que Alberto murió en un accidente hace ya más de dos años. No podía ser, estaba segura de verlo, de besarlo de tocarlo.
No pasó mucho tiempo, cuando Carmen descubrió que estaba embarazada. Ahora sí que acudió a la psiquiatra, ella mismo dudó de su locura, si Alberto no podía ser el padre, entonces? el mal que la forzó en el baño de la cabaña. Ella no había estado en intimidad con nadie, más que con Alberto y con ese ser maligno.
Su abdomen crecía a un ritmo vertiginoso, las ecografías veían a un niño bien formado y sano, pero Carmen sospechaba que algo no iba bien. Claro que a quien le cuenta lo que había sucedido, la toman por desequilibra, lo achacan a la pérdida de Alberto, a la pena. Su médica le dijo que estaba atravesando una fuerte depresión, por ello viajó a la sierra, para relajarse.
Ella piensa que fue el destino, esta criatura viene con algún fin, con una misión y el tiempo le dará la razón. Esa noche existió, y tuvo relaciones con dos seres, una bueno y otro malo. El bien y el mal, como la vida misma.
Ahora hay que esperar a que nazca este niño y ver de quién es. A veces la vida te pone en situaciones de las cuales no encuentras explicación. Pero ante todo es su hijo y luchará por él con uñas y dientes, aunque el mal venga a reclamar su paternidad.
María José Martínez Rabadán.
01/02/2026
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