LA SEÑORITA GRIS ( 4ª PARTE)
Despertó esa mañana con dolor de
cabeza, nada que no se curara con un buen desayuno, esperando a Pablo en el
porche, el muchacho llegó más que dispuesto a continuar. “Cambio de planes,
vamos a subir al desván, está lleno de polvo y telarañas, aviso ¿te atreves?”
El chico, amablemente, le dijo
que adelante. Subió todo lo necesario, apartó cajas, que colocó sobre el viejo
arcón, que Eli miraba de lejos, abrió el ventanuco y corría la brisa marina,
era agradable, y comenzó a pintar.
Estaba feliz, nada tenía que ver
lo que vio durante la noche, ahora ventilado, limpio y colocado, era otra cosa.
Un habitáculo perfecto para guardar cosas.
Pablo por la tarde, le colocó
unas tablas blancas, que tenía en su casa y muy amablemente se las ofreció a
Eli. Perfecto quedó el desván de los horrores.
Espero que la pintura ahuyente a
los malos espíritus, eso me recuerda a mi admirada Isabel Allende. Pero de lo
que se trata es desinfectar y quitar el olor a viejo que la casa, con los años,
había adquirido.
Otra noche rendida, con una cena
ligera, fruta y un vaso de leche, una ducha calentita, subió a su cuarto, a esa
cama maravillosa, que la acogió con los brazos abiertos.
Más a gusto que en brazos, cogió
su cama, limpita con olor a suavizante de las sábanas, nada ni nadie la iba a
privar de ese placer. No soñó nada, o al menos no lo recuerda, se levantó como
nueva. “Creo que la limpieza y pintura han ahuyentado a las presencias que no
me dejaban dormir.”
Llegó su ayudante y pinto la
habitación de invitados y la escalera en un par de horas, impresionante, Ella
sola hubiera tardado días enteros.
Esa casa de sus sueños parecía
otra, tiró las viejas cortinas y compró en el pueblo visillos, que dejaban
entrar la luz maravillosa del mar, dando a su casa un aspecto marinero, tal y
como Eli lo había soñado.
El salón resultó un poco más
complicado, ya que los muebles pesados, costaba moverlos, pero vamos que el
chico se apaño para correrlos de un lado, pintar con mucho cuidado, y luego
mover del otro lado.
Pensaron, entre los dos, pintar
las viejas estanterías del salón, en un azul precioso, que eligieron juntos en
la tienda del pueblo. Los muebles comenzaron a cambiar, ante los ojos
expectantes de Eli, mezclados con la felicidad que le otorgaba el nuevo aspecto
de la casa.
Algo en ella le decía que ese era
el lugar perfecto para tener a su hijo. Indagó en el pueblo, el hospital más
cercano estaba a unos treinta kilómetros, Llamó y pidió cita con ginecología y
con la matrona.
Ya en su quinto mes de embarazo,
debía ser precavida y que le hicieran en el hospital el seguimiento del mismo.
La entraron en una sala, llena de fotos de bebes y mamás amamantando, un lugar
muy acogedor. Entró una chica jovencísima, se presentó como su ginecóloga, y la
verdad es que, pese a su juventud, le infundió una confianza ciega.
“Bien Eli, ¿quieres ver a tu
bebé?”. Eli se inundó de alegría, miedo, ansiedad, pasó al ecógrafo muy
nerviosa, tumbada en la camilla, la doctora puso gel por toda su barriguita,
estaba frío, y enseguida comenzó la prueba. Primero escuchó el corazón, late
muy deprisa, era emocionante. Enseguida vio el cuerpecito del feto, tan bien
formado ya, su cabecita, brazos, piernas.
Un momento, la doctora vio algo
que la sobresaltó, “Eli, no te asustes, hay otro feto detrás, son gemelos, van
en la misma bolsa,. Gemelos idénticos Eli, es maravilloso”.
Eli no daba crédito,” dos bebés,
sino puedo con uno solo, ¿qué voy hacer con dos?”. Esto fue una sorpresa
difícil de digerir, Eli temblaba como una hoja. Nunca lo hubiera imaginado, una
sola noche de amor, ya es difícil concebir, cuanto ni más dos.
Otro vuelco en su vida, limpió tu
barriga del gel e intentó vestirse, mareada volvió a sentarse frente a la
doctora, que la esperaba en su mesa. “Mira Eli, sé que necesitas tiempo para
aceptar lo ocurrido, yo te voy ayudar, no estás sola. Ahora te pesaré y haremos
un plan de comidas, revisiones periódicas, y ante cualquier mínimo dolor o
molestia, aquí tienes mi móvil personal, quiero que me llames. Por tu edad y
dos, pasamos a ser un embarazo de alto riesgo. Por ahora los fetos crecen y se
están formando sin ningún problema. Me preocupas tú, que visto los análisis,
tienes una anemia de caballo.”
Le imprimió las ecografías, para
que las guardara y se fuera encariñando con los dos muñecos que albergaba
dentro.
Eli a todo decía que sí, asentía
con la cabeza, como en una nube, no terminaba de asimilar lo que le estaba
ocurriendo. Igual los sueños raros que tuvo en la casa, eran debido a su anemia
galopante. Cogió los papeles con la dieta, la cita de la próxima visita, la
tarjeta de su médica, metió todo en el bolso y abandonó la consulta, igual que
un zombi.
Consiguió llegar al aparcamiento,
se sentó en su coche y apoyó la cabeza sobre el volante. Ya no recuerda más,
despertó en el hospital de nuevo, alguien debió verla y llamó a los sanitarios
de la puerta.
Le inyectaron hierro, la tensión
por los suelos, se la estabilizaron, y llamaron a la doctora Ramos, que
sujetaba su mano. ”Vamos Eli despierta, solo ha sido un susto, ¿quieres que
llame al papá de los bebes, a tu familia?
No había nadie a quien llamar,
Eli se sinceró con Carmen Ramos, “estoy sola en esto, mi familia murió hace
tiempo, soy nueva en el pueblo, no conozco a nadie.”
“Ehhh Eli seremos amigas, yo
también soy nueva en el hospital, ni un momento, le preparó la comida dame la
mano, ya somos oficialmente mejores amigas fuera, aquí soy tu doctora, ¿estás
de acuerdo?”
Eli con lágrimas en los ojos,
selló esa amistad, que por otra parte, duraría para siempre. Le dieron el alta,
llamó a Pablo, su ayudante, que acudió con la bici, le echaron en el maletero y
la acompañó a casa. Eli se tumbó en el sofá con un libro y Pablo continuó
pintando el porche y la fachada de la casa, con pintura especial para
exteriores, que aguantara la brisa del mar, lluvias, viento y demás.
Pablo no permitió que se moviera
ni un momento. Le llevó la comida en una bandeja, mirando las hojas de la
doctora, que agradecida estaba Eli de poder contar con el chaval. De mayor iba
a ser un hombre maravilloso.
Ella ya lo veía como su hermano
pequeño. Ya sentados comiendo, Pablo se acercó la mesita para estar junto a
Eli, comenzaron hablar. El chico tenía varias preguntas que hacer a su amiga
mayor. Eli respondió a cada una de ellas con sinceridad. De una noche de pasión
este recuerdo, dos bebés.
María José Martínez Rabadán. (Reservados todos los derechos)
Queridos lectores, la historia de Eli, gracias a vosotros, se está convirtiendo en un proyecto de novela. Os iré informando cuando esté terminada.
Qué bonito proyecto y que alegría poder leerte, no pares nunca.....
ResponderEliminarGracias amiga
Eliminar