ARRANCARON A MI HIJO DE MI VIDA.
El sol acaricia mis mejillas, que placentero sentir ese calorcito, después de un invierno tan duro. Mi ánimo ha vuelto a reaparecer, creo que estoy mejor. No tengo ganas de llorar y parece que mis ideas suicidas están desapareciendo. A veces mi realidad está en mi subconsciente, no distingo bien, creo que he perdido la cabeza.
Todo esto apareció después de aquella excursión a la montaña. Mira que nos hacía ilusión , todos juntos, en tiendas de campaña, a la luz del fuego, contando historias de miedo y con la botella de wiski en medio. Tan romántico todo. En una tienda las chicas y en la otra los chicos. Todo muy casto y puro, como les prometimos a nuestros padres, si no ni de coña nos hubieron dejado ir.
Por la noche, todos reunidos alrededor del fuego, risas, chuches, chupitos, algo achispados, y Luis como siempre, metiendo miedo, no recuerdo una noche más divertida en toda mi vida.
Sentí ganas de ir al baño, claro allí era meterte entre los arboles, los pinos, y acacharte. Me acompañó mi querida a miga, desde el parvulario, Emilia. Una chica algo retraída, muy vergonzosa, pero de gran corazón. Estaba loca por Carlos, aunque pasaba de ella totalmente.
Cuando me dispuse a entrar entre unas matas grandes, donde me encontraba a salvo de miradas curiosas, uy a salvo del grupo, bajé mis pantalones y escuché un grito desgarrador, Dios mío Emilia ¿te encuentras bien?
Emilia, Emiliaaaa!!!!!
No respondió, volví corriendo al campamento y di la voz de alarma, salimos todos con las linternas en su busca, gritando su nombre, sin separarnos, cuando escuchamos de nuevo ese grito aterrador que helaba la sangre. Está claro, no estábamos solos en aquel lugar. Nos unimos todos por los brazos y linterna en mano, nos volvimos para el campamento.
Campamento, todo arrasado, no quedaba nada en pie, corrimos hasta el coche, ¿Dónde está?, el auto no se veía, ataques de ansiedad, miedo y terror en estado puro. Todos abrazados, cuando de repente algo tiró de mis pies, algo más fuerte que yo. Socorro, ayudadme!!!
Mis amigos no consiguieron retenerme, esa cosa me arrastró a través del bosque, aún recuerdo el dolor en mi cuerpo al dar con piedras, ramas etc..Mi pelo largo y rizado se iba enganchando en la maleza, hasta que, de momento, mi cuerpo comenzó a elevarse, ya no dolía, es como si el aire de la noche hubiera curado mis heridas. Me desvanecí, cuando empecé a despertar, dos ojos rojos y brillantes observaban desde el fondo de la habitación. No me salía la voz de la garganta, quería gritar sin conseguirlo. Una mano con los dedos muy largos, se posó sobre mi cabeza, volví a dormir.
No se cuanto tiempo transcurrió, pero mis ojos comenzaron de nuevo a ver, recuerdo que era una habitación redonda, blanca, muy blanca, como un laboratorio. Yo estaba tendida en una cama con cables a mi alrededor. La sensación era de un profundo bienestar, no lo entiendo, despareció el miedo, es como si estuviese de nuevo en la playa, bajo el sol, me sentía a gusto. Pero un momento, ¿Emilia?
Busqué por toda la habitación, en el fondo de la sala había otra cama, debía ser ella pero no alcanzaba a verla, cuando de momento ella me llamó, María José, ¿estas aquí?. Si cariño, estamos juntas, ¿Qué te han hecho?
Fue la última vez que hablé con ella, nunca más. Es horrible, como le cuento yo a sus padres que la vi en una especie de nave de otros seres, que no son de este mundo.
A mí, no se el porqué, me soltaron en el bosque de nuevo, solo me notaba una especie de cicatriz en el vientre, nada más. Supuse que nos estudiaron por dentro, nuestra anatomía.
Me hicieron mil preguntas, me interrogaron varias veces, La familia de Emilia estaba desesperada y yo salía de mi historia, naturalmente me tomaron por loca, hasta que mi vientre comenzó a crecer, en el hospital lo confirmaron, estaba embarazada, con dieciséis años. No veas lo que se formó en mi casa, todos pensaron que en aquel viaje mantuve relaciones con algún amigo. Nada más lejos de la realidad, era virgen, se confirmó en el hospital.
Aquel embarazo atípico, siguió su curso con normalidad, me puse de parto una noche del mes de Abril y nació mi hijo, un niño albino, blanco como la luna y ojos rojos como los que vi en la nave. Estaba claro para mí, de loca nada, ese niño era hijo de ser que me estuvo atendiendo.
Claro para mi familia no podía ser, me internaron en un sanatorio mental y mi hijo? Se hicieron cargo mis padres, aunque no les hacía mucha gracia, creo que pensaron darlo en adopción.
Mi hijo despareció igual que Emilia, estaban mis padres en el campo con el niño y nunca más se supo, una tormenta de aire y polvo, cubrió el merendero y el bebe se fue con ella, el carrito vacío lo confirmaba.
Y aquí sigo yo, en tratamiento, con ganas de morir cada día, nadie me cree. Pero el padre de mi hijo vendrá a buscarme, estoy segura.
MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ RABADÁN.
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