LA SEÑORITA GRIS.
Como cualquier tarde, Eli regresa a casa del trabajo. Tira sobre la cama el bolso y el abrigo. Se cambia con un viejo pijama, más grande de su talla, y calcetines gruesos, hace ya frío en la ciudad y el sueldo no da para encender la calefacción.
Ya vestida como una indigente y frente al televisor, analiza su vida, triste, rutinaria. No se ha casado, no ha aparecido nadie que la mire y la bese como en esas películas y esos libros maravillosos que llenan sus horas libres. Quizá la fantasía haya suplido a la realidad. Las historias maravillosas que figuran en su cabeza, no se dan en la vida diaria.
Sin familia, ni amigas, Eli intenta sobrevivir en una ciudad que no para, donde pasan multitud de cosas. Cosas que a ella no le salpican, cosas que no tienen nada que ver con ella.
Hasta ese día, 18 de Noviembre, cuando llegó a la oficina y su jefe la mandó llamar, entró en el despacho, casi sin mirar y allí estaba él, alto, delgado, ojos claros. Quedó deslumbrada, el jefe tuvo que llamarle la atención y pedirle los informes de la empresa de Cítricos.
Jamás en la vida había visto un hombre tan guapo, torpe y nerviosa intentó hacer su trabajo lo mejor posible, tartamuda y sin ninguna gracia presentó el proyecto de la nueva fábrica.
Creo que al señor Pablo Muñoz, le hacía gracia su comportamiento, esbozaba una sonrisa disimulada, cada vez que se equivocaba o tartamudeaba. Creía que se lo estaba pasando bien a su consta.
Pero algo, al salir, la dejó descolocada, en los apuntes del proyecto, anotó: "Señorita ha resultado usted la mar de entretenida, le dejo mi número de teléfono, me gustaría cenar con usted y comentar algunas cosas que me han quedado en el tintero"
Eli no salía de su asombro, el hombre más guapo del mundo la invitaba a cenar, muy fuerte. Claro que irá, la peluquería, depilación, uñas...Dios que nervios, y ¿Qué me pongo? Su armario parecía el de la tía viuda del pueblo, faldas negras a la rodilla y camisas blancas, alguna chaqueta gris y punto.
Después de pasar por chapa y pintura, su pelo rubio dorado parecía otro, atrás la cola de caballo. La verdad es que estaba bonita, es muy guapa y atractiva, solo que no lo sabe todavía.
Se encaminó a modas Garlo, una prestigiosa boutique, donde se probó varios vestidos, alguna valían como el sueldo de un mes, pero que más da. Una vez es una vez.
El rojo fue el elegido. Parecía otra, algo de color después de tantos grises, blancos y negros.
Se ceñía a su figura como un guante, con una rajita en la pierna derecha la mar de sexy. Eli no pensaba que pudiera resultar atractiva, como los demás chicas que veía en la tele, por la calle.
Así llegó al restaurante donde había quedado con Don Pablo, el cual la esperaba en la barra, sus ojos se posaron en ella nada más entrar, no creía lo que veía, ni la había reconocido, la empleada gris, así la llamaba, resultó ser una mujer de armas tomar, tan atractiva, tan bonita, que esta vez fue el Señor Muñoz que que se quedó sin habla, el tartamudo...bu bu buenas noches señorita.
Ella se sintió la reina del mundo, lo había conseguido, ser guapa, atraer las miradas de todos los hombres del restaurante y de todas las mujeres. La autoestima por las nubes le hicieron caminar como una diosa, sin tropezar con esos tacones imposibles, dominaba la situación y lo sabía.
Sentados ya en la mesa, en un rinconcito super romántico, Eli comenzó hablar:
.- Muy bien señor Muñoz, ¿Qué dudas tiene sobre el proyecto? Le preguntó de una forma tan profesional.
.-Mire Eli, ¿puedo llamarla así? Vamos a disfrutar de la cena, a conocernos un poco más, ya habrá tiempo de hablar sobre el proyecto, ¿le parece bien?
Y así disfrutaron de una velada maravillosa, riendo e incluso gastando algunas bromas. Creo que el flechazo fue mutuo, sus ojos expresaban todo, deseo, lujuria, la curiosidad de dos personas de mundos distintos, pero que sus cuerpos cada vez más cerca, cada vez más cómplices, necesitan tocarse, besarse....
Al terminarla cena, ni que decir, esperando a un taxi, el beso llegó como algo natural, suave, dulce, deseado. Sus lenguas se entrelazaban como en un baile incluido.
Ella, algo achispada, y mareada por la situación, se dijo para sí, vamos Eli no te detengas, déjate llevar, no puede evitar este momento, ha llegado, disfrútalo, mañana Dios dirá.
Llegaron al apartamento de Pablo, todo moderno y de lujo, nada que ver con el pequeño habitáculo donde vivía Eli. Ni le dio tiempo a mirar todo, se abalanzó sobre ella, con ese deseo que había nacido entre ellos. Le bajó la cremallera del vestido, sin parar de besarla por el cuello, en el suelo el modelo carísimo, bajó los tirantes del sujetador dejando sus pechos a la vista.
Hicieron el amor varias veces, en el salón, en el dormitorio, donde se quedaron dormidos y en la ducha al despertar.
Eli, nunca había sentido algo parecido, había tenido algún encuentro sexual, pero vamos, nada parecido a lo que estaba viviendo, esto era otro nivel. Se vistió torpemente, el sonreía desde la cama, tapado con la sábana y su torso al desnudo, era impresionante, debe ir al gimnasio, Eli no podía subir sola la cremallera, al salir Pablo de la cama para ayudarla, estaba completamente desnudo, que visión, no la olvidará en la vida, aunque no vuelva a producirse otro encuentro.
Así regresó a su casa, a la realidad, pensando que no la volvería a llamar jamás, pero se daba por satisfecha con lo vivido, lo escribiría en su diario. Es verdad que las cosas que leía existen de verdad.
Bueno fue bonito mientras duró, mañana al curro de nuevo con su falda negra y su camisa blanca.
Solo que esta vez, dejó su pelo suelto, algo de rimel, tacones cómodos, sin la chaqueta gris y con un par de botones de la camisa desabrochados, esta metida por dentro, realzando su cintura y pisando fuerte.
Según entraba la miraban todos con admiración, Eli buenos días, que guapa estas hoy, o silbaban a su paso, ella sonreía picarona, sabía que era el centro de atención. Hasta su jefe se dio cuenta, señorita Eli esta usted radiante.
Al cambiar su actitud, todo cambió, continuaba sola, el Señor Pablo Muñoz aceptó el proyecto y lo firmó online.
No la volvió a llamar, ni falta, ya había recuperado la confianza en sí misma. Se arreglaba más y dejó de ser el ratón de biblioteca que había representado estos últimos años. Eficiente como siempre, al menos trabajaba con ilusión. Nunca esperó la llamada, sabía que no era para ella, pero si conoció más gente. Se hizo socia de un grupo literario donde conoció escritores, poetas, lo que a ella le gustaba.
Pero como la felicidad no dura para siempre y todo era perfecto, algo tuvo que enturbiar estos momentos.
No tenía el periodo, pensó que era debido a las nuevas emociones que estaba viviendo, no, se hizo una prueba de la farmacia y positivo. Ahora el gran dilema, ¿lo tengo? ¿se lo cuento a Pablo?
Otra vez su mundo patas arriba....
Continuará
María José Martínez Rabadán. (reservados todos los derechos)
vacio sin ton ni son, nada nuevo . una perdida de tiempo
ResponderEliminarGracias muy amable
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